Cago en... ¡Los porteros de discoteca!

Escrito por Barbour | En | Escrito el viernes, enero 29, 2010



Hoy voy a hablaros de un especimen humano (por no encontrar calificativo mejor), que habita en la puerta de todas las discotecas mundiales para "regular" que no entre gente inadecuada.

Pasado este punto, todo el mundo ya comprende lo importante que es la labor de estos personajes, lo que no comprende es lo que te pueden joder.


Un sabado cualquiera decides ir a la disco. Pillas tu camiseta favorita, esa que pone Iron Maiden y que tiene cientos de calaveras, tus vaqueros que están completamente gastados que parecen más unos shorts que unos vaqueros. Finalmente te pones los playeros, los cuales tienen más agujeros que un colador y sales hacia la discoteca.


Según vas llegando te das cuenta que en la puerta hay una especie de animal de cuatro por cuatro...por cuatro (como dijo en su momento Agustín Jimenez). Tiene los brazos... bueno mejor dicho columnas de hormigon armado de un diametro inimaginable para una ser humano normal. Los puños son del tamaño de tu cabeza, su cabeza, por supuesto está afeitada completamente y tiene el mítico pinganillo para contactar con el FBI o algo así...


Bueno esta serie de características te dan ganas de volverte a tu casa antes que pasar cerca de semejante mastodonte, pero bueno, le echas un par y tiras para allá con el deseo de que con su tamaño no se de cuenta de tu presencia minúscula. Cuando ya estás a punto de cruzar la puerta, una voz tan grave que parece provenir del mismo infierno te dice: ¡Carnet!.


Tras esto el bote que te pegas te hace alcanzar como mínimo la estratosfera. Después de este shock te das cuenta de que quiere comprobar que tienes la edad adecuada. Temblando a causa de la imponente presencia del susodicho, intentas sacar la cartera de la caja rural, solo te cuesta tres intentos. Te das cuenta de que el tio te esta mirando con el ceño tan fruncido que en ese momento solo tiene una ceja, lo que hace que te acojones más si cabe. Le das el carnet que tiene una foto tuya de cuando llevabas unas rastas y una cara de fumaó que ni Bob Marley.


Esto produce que el tipo comience a pasar la mirada, de ti al carnet, del carnet a ti y tú cada vez más nervioso. Ves que la cara del portero se contrae en una mueca de puro esfuerzo por imaginarse tu foto sin rastas; aparecen las primeras gotas de sudor por su brillante calva y le chirrian los dientes. Para ayudar al pobre tu intentas poner la misma cara que tienes en la foto y finalmente el tio te devuelve el carnet y tu te relajas demasiado pronto, porque en el mismo instante que intentas entrar la columna de hormigón armado (su brazo) se interpondrá en tu camino chocando contra todas tus costillas a la vez y activando autamáticamente la ley de Newton que decía que toda acción tiene reacción, por lo que tu saldrás despedido tres o cuatro metros hacia atrás. Agarrándote el pecho por miedo a que se te salgan los pulmones, decides arriesgarte a morir y con voz ahogada le preguntas que por qué no te deja entrar a lo que él te contestará con su voz grutural: "...¿eh? ¡Ah!-se preguntará que es esa mierdecilla que le está hablando y seguirá-Este local tiene un estilo pijo, no puedes entrar con esas pintas."


Y tu piensas, ¿y porque narices no me lo dijo desde el principio?.

Comentarios (1)

Jaja, muy bueno. XD!!

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